
TOWN
Pueblo con Encanto, colonial y florido
Santa Lucía es un pueblo minero colonial colgado de la montaña, y uno de los pocos de Honduras que conservó su trazo original: calles empedradas y casas de adobe con techo de teja. Antes se llamaba Surcagua, «lugar que tiene ranas», y el nombre actual se lo debe a una mina bautizada en 1580. De la plata de esas minas salió lo que hoy es su mayor atractivo: el 15 de enero de 1572 Felipe II mandó desde España un Cristo crucificado en agradecimiento, y sigue en la parroquia —cuatro siglos de humo de velas lo ennegrecieron hasta que le quedó el nombre de Cristo Negro, y una restauración en los años noventa le devolvió su color original. Hoy se sube por el fresco, por la laguna de la entrada y por las flores: la municipalidad se presenta como el Pueblo de las Flores y los viveros bordean la carretera.
1Con audioguíaGuarda el crucifijo que Felipe II mandó desde España en 1572, para agradecerle al pueblo la plata de sus minas.
2Con audioguíaA la entrada del pueblo: botes de remo, patos y gansos que andan entre la gente, y un andén para darle la vuelta caminando.
3Con audioguíaEl pueblo entero abajo con sus techos de teja, y al atardecer la mejor vista que tiene Santa Lucía.
Los viveros bordean la carretera de entrada. La municipalidad se presenta como el Pueblo de las Flores, y es literal.
5Con audioguíaCasas de adobe con techo de teja, balcones de hierro y calles de piedra: Santa Lucía es uno de los pocos pueblos de Honduras que conservó su trazo colonial.